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Fotograma de "The wars to come" ("Las guerras venideras"), primer episodio de la quinta temporada

Apuntes sobre “Las guerras venideras” [un capítulo de #GameOfThrones]

por Ángel Alayón

12/12/2018

Una adolescente Cersei entra a la casa de la bruja en el bosque. Ella le anuncia que un día será reina, pero que será desplazada por una mujer más joven y más bella. También le dicen que se casará con el rey y no con el príncipe y que sus tres hijos tendrán corona de oro y mortajas doradas.

Ahora sabe la tragedia que le espera. Ahora no puede dejar de saber.

El filósofo Robert Nozick se preguntaba si valía la pena vivir una vida en la que supiéramos exactamente lo que nos iba a pasar. ¿Cuál sería el sentido de vivir si ya conocemos lo que viene? ¿Serían posibles la alegría o la tristeza en ese mundo? ¿Estamos dispuestos a hacer lo que haya que hacer para que se cumpla lo que está determinado? ¿O estaríamos tentados a tratar de torcer el destino?

No por antiguas estas preguntas han perdido vigencia: conocer el futuro siempre será una tentación. La prueba está en cualquier calle del mundo, en esos anuncios de adivinos y quirománticos, en tantos que viven del arte de paliar la incertidumbre.

Luego de la muerte de Joffrey y Tywn Lannister, queda por ver si Cersei tiene algo de Edipo e intentará evadir su destino, o si tiene algo de Macbeth y lo asumirá con todas sus consecuencias.

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La actualidad puede sentirse como una condena. El status quo puede asfixiar la imaginación. Lord Varys habla de la posibilidad de un Westeros distinto, donde haya paz, prosperidad y que los poderosos no pisen a los desvalidos. Tyrion Lannister le dice que eso no es posible, que siempre los poderosos pisarán a los desvalidos. Varys le responde: “quizás nos hemos acostumbrado tanto al horror que suponemos no hay otra manera”.

Acostumbrarse al horror es una manera de asegurar que las cosas nunca sean diferentes.

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Un inmaculado es asesinado en Meereen. Es un mensaje a Daenerys. Ella pide que sea enterrado con honores. Sus consejeros le advierten que esto enojará aun más a sus enemigos. Y Daenerys les responde: “Cuando la serpiente está enojada es más fácil cortarle la cabeza”. Provocar al enemigo. Dejar que la ira nuble la mente del adversario es la receta que pretende utilizar la Madre de los Dragones.

La política y la guerra nunca han sido asuntos exclusivos de la razón. Las emociones siempre son determinantes y quien pueda manejarlas mejor tendrá ventaja. Es un viejo ardid, prescrito por Sun Tzu:

“Así, el que intenta provocar un movimiento del enemigo lo consigue creando una situación a la que aquel deba adaptarse, presentándole el cebo de una presa fácil o seduciéndolo con una ventaja aparente. Todo para atraerlo hacia el grueso de sus fuerzas o al mejor terreno para destruirlo o capturarlo”

Mientras tanto, llegan noticias desde Yunkai. Hay un acuerdo político que permite restablecer la paz. Solo piden el regreso de una tradición: las peleas a muerte, antes de esclavos, ahora de hombres libres. Sin embargo, Daenarys Targaryen se niega. El emisario le recuerda que es más fácil gobernar cuando la gente está feliz que cuando la gente está molesta. Otra vez las emociones, pero esta vez relacionadas con la gobernabilidad. El descontento siempre es una amenaza para el poder.

El estado ideal de gobernante, según Maquiavelo, es ser amado y temido a la vez. Pero no siempre es posible. Y en ese caso, el florentino recomienda ser temido. Para eso Daenerys tiene sus dragones. Pero ahora parece no controlarlos. Se preocupa que lo que una vez le dio poder, pueda destruirla.

No puedes decir que es tuyo aquello que no puedes controlar.

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Mance Rayder le teme a la muerte, pero no cede a la propuesta que le lleva Jon Snow por encargo de Stannis Baratheon. Rayder prefiere morir que arodillarse. Y es que en su visión ética sólo hay dos clases de personas: los que se inclinan y los que no. A pesar de la carga deontológica de su decisión, cuando habla con Snow también expresa razones consecuencialistas. Sus hombres lo respetan y lo siguen porque no se arrodilla. Una vez lo haga, dejará de ser el líder que fue.

La sacerdotisa del fuego Melisandre es la encargada de encender la pira en el medio de un discurso que pone al libre albedrío en el centro de nuestros destino: “Todos tenemos que escoger. Escogemos luz o la oscuridad. Escogemos el bien o el mal. El dios verdadero o el falso”.

A Cersei le prometieron un destino trágico. Melisandre ofrece la posibilidad de escoger nuestro destino. Dos visiones extremas de entender el futuro. Un futuro que ofrece como única certeza las guerras que vienen.

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Este artículo fue publicado por primera vez en Prodavinci el 13 de abril de 2015

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Ángel Alayón es economista y director de Prodavinci. Puedes seguirlo en Twitter en @angelalayon


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